martes, 17 de marzo de 2015

Sombras.



A veces la noche llega justo cuando sale el sol y mi alma se encoge luego del resplandor del alba, mis demonios se revuelven hasta que te veo a los ojos y ésta soledad tan amarga como el café sin azúcar de cada mañana que me parece dulce a comparación, desaparece paulatinamente en esa mirada triste... con la que ves la profundidad de mi ser cuando esta clavada en mis pupilas y te desconozco casi por completo y no le temo al descubrirte como la respuesta de una ecuación en las matemáticas, como la métrica de estos versos que reescribo para que se acoplen como nuestras manos entrelazadas, al aparecer la luna el insomnio me ataca y solo queda el sentir, de estar sin estar por qué no puede ser o quizá nosotros o tal vez no, los grises de la vida y las sombras de mi alma se unen a la guerra y me pierdo intentando buscarte y solo me quedo en el intento fallido por qué vuelvo a chocar conmigo misma, justo ahí donde te encontré.

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