domingo, 14 de septiembre de 2014

Café para dos.

Observo las manecillas del reloj,
marcan las seis con dos,
la brisa me arropa mientras observo a las otras personas...
El café a llegado y cruzo mirada con un muchacho que está como yo sentado solitario,
Con una silla de frente vacía esperando, dejamos libre un espacio,
esperando ser llenado,
las manecillas del reloj van al compás de mi corazón,
mientras te esperó, pero como todo el tiempo... No llegas.
Mas sin embargo ahí estaba tu espacio, una silla vacía que queda siempre esperando...
Y un café, un café para dos.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Vida en un recuadro



Como todos los días a las cinco de la tarde aproximadamente entraba a un café que ha estado en el mismo lugar y el pasar de los años no lo ha hecho cambiar, entrar y sentir la satisfacción del sonido de la campanilla al pasar por la puerta era algo de lo cual disfruto de ese lugar, me sentaba todo el tiempo en un rincón y pedía lo mismo de siempre, un amaretto, me gusta estar en ese lugar, me llena de tranquilidad, para mí es un ambiente diferente es como estar en otros tiempos al estar en ese lugar, en ese rincón me sentaba a dibujar, uno de mis pasa tiempos favoritos, esos de los que te llenan el alma y te hacen suspirar de tranquilidad, con los cuales te puedes expresar sin poner ningún límite se me es parecido al escribir pero claro, no es lo mismo. Habían tardes en las cuales solo me limitaba a observar y a escuchar esa campanilla que sonaba cada vez que alguien entraba, observaba a las personas que llegaban, la atmosfera de ese lugar me gusta mucho en especial la sencillez con la cual está decorado ese café, sus viejos recuadros que me limitaba a ver, solo pasaba la vista por ellos y suspiraba, me enfocaba en lo que hacía al llegar, dibujaba, otras veces escribía y en algunas ocasiones llevaba conmigo un libro y sin darme cuenta estaba encismada en él. De pronto una tarde entró un señor con un acento francés y lo miré por que despertó curiosidad en mí, hacia su pedido y mientras lo hacía se dirigía siempre hacia los cuadros, eran 3 cuadros con los cuales estaba decorado ese lugar, esparcidos entre las diferentes paredes. Al cabo de dos semanas no pude evitar notar que los miércoles por la tarde y a veces algunos viernes llegaba a observar esos cuadros y yo aún no entendía el por qué lo hacía, su mirada se perdía en ellos, hubo un día en que noto que lo observaba y al salir se quitó su sombrero me saludo con la mirada sonrió y salió con su pedido, hubo una semana en la cual se ausento y lo note con extrañeza, debo admitir que me agradaba la presencia del señor en ese lugar.

Luego de su ausencia unas dos semanas lo volví a ver, no pude quedarme con la curiosidad, me acerque a él mientras observaba ese cuadro, ese era de un grupo de personas en la playa departiendo una merienda, vestidos de blanco sofisticados y elegantes, regocijando de alegría, con un faro a un extremo, y en el mar a distancia se encontraban unos cuantos barcos, al escuchar su nombre para entregarle su pedido volteo, me hizo un gesto con su sombrero y se retiró, me quede con las palabras en la boca, note en el reloj que era tarde debía irme.
Después de unos días con el paso del tiempo, no lo volví a ver más, dejo de ir a ese lugar, me pregunto que habrá pasado con ese señor, el señor Maurice Leblanc así lo llamaban siempre para entregarle su pedido, según me entere entre las personas que desde hace mucho tiempo visitaban ese lugar, la decoración y la atmosfera, ese ambiente tan peculiar no había cambiado en lo absoluto desde hace muchos años. Un jueves por la tarde al llegar estaba ocupado el lugar donde solía sentarme todo el tiempo a beber mi amaretto y a disfrutar de mi tarde, tuve que sentarme al otro extremo en una mesa pegada a la pared, que daba frente a una columna donde se encontraba uno de los cuadros, al tener mi amaretto, tome la tasa con mis dos manos y bebí un sorbo, recuerdo haber visto directo hacía enfrente y vi ese cuadro, que reflejaba la calle de una ciudad, unos pequeños corriendo, unos autos estacionados, unos árboles robustos, y una pareja de enamorados conversando. Ahí se encontraba Rafael separándole el cabello del oído a su novia Irene para susurrarle unas cuantas palabras, con las cuales ella se ruborizaba y se sonreía, se notaba el amor en sus miradas, no sé como pero de pronto me encontraba ahí justo en ese lugar todo ocurría frente a mí, Rafael le dijo que aguardara que no tardaba en llegar, que no se moviera de lugar, y ella le contestó que no se demorara que no lo esperaría para siempre mientras le sonreía, transcurrieron unos minutos y ella miraba que no regresaba, mientras pasaban los pequeños una y otra vez a su lado jugando uno con el otro, cuando de pronto la sorprendió Rafael con unas flores frente a ella y un beso en su mejía.
Era una hermosa pareja, miraba toda la calle casi al mismo tiempo con el que los miraba a ellos, había una señora con su sombrero rosa regando sus flores, la madre de los pequeños diciéndoles que no se alejaran, un señor en una banca sentado perdido en la lectura del libro que sostenía en sus manos mientras fumaba un cigarro, un restaurante llenándose de gente poco a poco y muy rápido, todo transcurría en un tiempo que no puedo definir con exactitud, es como si caminara en la calle de ese lugar y al mismo tiempo estuviera en el centro de la misma. Había una librería al lado del restaurante y entre en ella, tome un poemario justo al mismo tiempo que otra persona, era un muchacho y al sentir su mano sobre la mía sorprendida lo vi directamente a los ojos se llamaba Fernando.
* Discúlpeme señorita, creo que hemos coincidido en gustos, no hay como un buen poemario por la tarde y un café, he sido un mal educado, mi nombre es Fernando es un placer.
Lo mire extasiada y torpemente conteste y le dije que el placer era mío, que podía llevar él el poemario si quería que no había ningún inconveniente, me senté en la sala de estar, él tomo el poemario lo observe mientras lo pagaba, llevaba una camisa manga azul, unos pantalones negros y unos mocasines, no pude evitar verlo, era un hombre elegante y alto, debo admitir que me dejo suspirando, salió de la librería mientras yo buscaba algo más para poder leer, pero mi mente estaba ocupada recordando su imagen y sus ojos, no preste atención a los libros que escogía y decidí mejor salir, salir a observar a las personas de aquel lugar, cuando me dirigí hacia el mostrador la encargada me llamo y me dijo que habían dejado un regalo para mí, era el poemario, con una envoltura transparente y una nota que decía: “ Lo he leído tres veces ya, siempre lo pierdo y lo vuelvo a comprar, sé que le gustará mucho, fue un encuentro inesperado y me ha dejado maravillado. Posdata: no pude firmar la tarjeta para quien era, ya que no me dijo su nombre, espero volverla a encontrar.”

No solo él había quedado maravillado yo también lo estaba, al salir de la librería el señor que se encontraba leyendo hace un momento ya no estaba, tome su lugar y me puse a leer el poemario, pero me distraía con todo lo que ocurría en esa calle, ya casi era el atardecer, el cielo se empezaba a torna rosa con pequeños tonos naranjas que se iban difuminando junto con el azul y el blanco de las nubes, era una tarde muy fresca en aquel lugar, Rafael e Irene se habían marchado los vi entrar al restaurante que emanaba un delicioso aroma, al terminar de leer el poemario fui caminando por la calle cuando de pronto lo volví a ver, ahí se encontraba Fernando escogiendo estatuillas en una pequeña tienda, quería pasar y que me viera pero de una forma muy disimulada, estaba nerviosa y preferí pasar desapercibida, pero no lo conseguí al pasar él fue saliendo distraído y choco contra mí y lo mire sorprendida y él me vio con una gran sonrisa y una sorpresa se notaba en sus ojos, disculpe me dijo, creo que nos hemos vuelto a encontrar, dos veces el mismo día no creo que haya sido solo casualidad, y esbozo una sonrisa al terminar de hablar, los nervios me dejaron muda y solo le sonreí, me invitó a dar un paseo por un parque cercano, caminamos hasta llegar al parque, era muy fresco y muy bonito se disfrutaba el atardecer en aquel cálido lugar, pude ver a distancia donde había un señor vendiendo dulces, que se encontraban Rafael e Irene riendo y jugando mientras se robaban besos, toda una escena romántica. Caminamos hasta llegar a una banca, el silencio nos invadió, nos perdimos entre miradas hasta que sonreí y él también lo hizo me ruborizo.
Conversamos sobre el lugar, sobre la puesta de sol, nuestros pasa tiempos, y sobre el poemario que nos hizo conocernos, él era un muchacho encantador, educado, enigmático y muy simpático, se limitaba a conversar sobre cosas cotidianas de modo a que yo le dijera cosas sin él tener que preguntar, el preguntar directamente le resultaba un poco incómodo, más sin embargo con su mirada me lo decía a veces todo.

Se hacía tarde ya estaba oscureciendo, y decidimos continuar el rumbo hasta salir del parque, no le preste atención a lo demás más que a él, mi corazón estaba acelerado y mis manos sudaban de nervios, él se acercaba cada vez más a mí, al salir del parque él vio su reloj tenía que irse, al despedirse se acercó, mi mirada fija en él y de pronto… Escuche la campanilla de la puerta del café y observe mi alrededor con asombro, me había perdido en cuadro, fue una sensación y un suceso inexplicable, fue como entrar en él y encontrarme en ese lugar, vivir ahí, todo fue tan real, el señor Maurice había cruzado la puerta, ahí fue cuando entendí por qué él se quedaba tanto tiempo observando esos cuadros, lo observe mientras hacía su pedido, al acercarse a uno de los cuadros yo me acerque a él volteó y me dijo: Has descubierto la magia de esté lugar, no solo de su delicioso amaretto y su pan fresco, no solo el ambiente diferente, si no también lo que el lugar significa para mí, no piense que está loca señorita, todo fue real, en su mente y en su corazón, se quitó el sombrero y lo puso en su pecho, con un gesto me sonrió y se despidió. Me enamoré de alguien en un recuadro, viví la historia de él y lo sentí.
Cada tarde a partir de ese día en adelante mi ida a ese lugar tenía un nuevo significado, es una forma de irse de esta vida que llevo, es parecido a leer un libro pero no igual. Así fue como descubrí que había vida en un recuadro.